- Yo era casi de tus años cuando recibimos en Goenia la visita de un grupo de navegantes rebeldes. Con ellos venía un joven de gran estatura y largo cabello rubio. En cuanto lo vi corrí hasta donde estaba Grais, que era un poco menos anciana de lo que ahora es, para decirle que yo estaba muy enferma.
- ¿Por qué le dijiste eso a Grais?
- Porque así lo sentía -respondió Mármara-. Tenía deseos de devorar todas las frutas del bosque, y no por apetito sino porque se veían más bellas que yo. Quería bailar a la vista de todos y quería esconderme. Sonreía sin sentido, deseando que alguien me preguntara por qué estaba a punto de llorar… ¿Qué habrías pensando si eso te hubiera ocurrido?
- Que estaba muy enferma -aceptó Vara.
- Y bien… Grais me interrumpió: “Se llama amor”, me dijo. “Permítele vivir.”
- ¿Y tú que hiciste?
- Caminé hacía él
- ¿Hacia Lubabáh o hacia el amor?
- Eran la misma cosa, niña
 —Fragmento de Los días del fuego (Saga de los Confines, 3era parte), Liliana Bodoc
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